(8-sept-2003) Mairena 20 años después.

Informa: Diario de Sevilla. Siroco.

AFIRMÓ la noche del sábado al domingo Antonio Reina, en el transcurso del homenaje que recibió en el XLII Festival Antonio Mairena, que en los veinte años transcurridos desde la muerte del cantaor no han faltado los intentos de acallar su voz y minusvalorar su obra. Una afirmación que en los últimos días, al calor del aniversario de su muerte, se ha venido repitiendo por boca de familiares, herederos y especialistas. Aun admitiendo que todo homenaje que se le haga al gran intérprete de los Alcores resulte insuficiente en comparación con su contribución a este arte, no dejan de ser sorprendentes estas afirmaciones ya que nos encontramos ante el cantaor que ha merecido mayores reconocimientos institucionales, que ya recibió en vida, así como atención a su obra.

En estos veinte años se ha llevado a cabo la edición crítica por parte de la Productora Andaluza de Programas de los dieciséis volúmenes de sus obras completas que es sin duda el mejor homenaje que puede recibir un creador, caso único en el mundo del flamenco por otro lado. Porque lo mejor de Antonio Mairena es sin duda su discografía fundamental, llevada a cabo sobre todo desde finales de los cincuenta, en la que destaca La gran historia del cante gitano-andaluz (1966) que pasa inmediatamente a ser su obra más valorada y que configura el canon de la moderna ortodoxia y da pie a una de las escuelas más influyentes de finales del siglo XX, el mairenismo, en la que han militado y militan intérpretes tan diferentes como Curro Malena, Manuel Moneo o José Menese, y que todavía hoy incorpora nuevas voces, sobre todo del ámbito rural.

Su obra teórica ha sido con razón objeto de revisión. Fruto de su época, libros como Mundo y formas del cante flamenco contribuyeron a rehabilitar determinados estilos e iniciaron una tímida consideración de parte de los ámbitos intelectuales hacia este arte que, no exenta de cierto paternalismo, no ha llegado a consolidarse. Sin embargo la ética racial-musical de Mairena, encarnada en su teoría del cante gitano-andaluz, introdujo un cisma sin precedentes en este arte.