ANTONIO CRUZ GARCÍA
"ANTONIO MAIRENA"


Mairena del Alcor 7/9/1909 - Sevilla 5/9/1983
mayrena.com


Del Libro de Jose Manuel Navarro
Mairena del Alcor y El Arte Flamenco
Composición digital. Luis Pérez - Mayrena.com

Escucha: Soleares
Seguiriyas Fandangos Tientos
Centro Andaluz de Flamenco

RESEÑA BIOGRÁFICA DE ANTONIO MAIRENA - José Manuel Navarro

   

1.- El ambiente flamenco a principios de siglo XX

  12.- El Festival de Cante Jondo

2.- Primeros premios

  13.- Investigador del flamenco

3.- En la Alameda

  14.- Razón Incorpórea

4.- La evolución del flamenco

  15.- La Casa del Arte Flamenco "Antonio Mairena"

5.- Primeros éxitos en Sevilla

  16.- Su gran labor discográfica

6.- La Guerra Civil

  17.- El calor de mis recuerdos

7.- Primeros discos

  18.- Llorando al maestro

8.- Sobre las tablas

  19.- Tras su muerte

9.- El auge del flamenco en los 50

  20.- Aprendiz de maestros

10.- III Llave del Cante

  21.- Maestro de aprendices

11.- Los festivales

  22.- Su obra

Antonio Cruz García. Nace en Mairena del Alcor (Sevilla) el 7 de septiembre de 1909, hijo de Rafael Cruz Vargas y Aurora García Heredia.

Viene al mundo en la plaza de las Flores, que hoy lleva su nombre, centro neurálgico de Mairena, lugar de paso y encuentro de todos lo vecinos, lo que propicia la charla y la tertulia en los bares, tiendas y talleres instalados en ella. Su familia es de ascendencia gitana procedente de Utrera, asentada en Mairena del Alcor, como otras muchas familias gitanas atraídas por las oportunidades de negocio que ofrecía su afamada feria y la creciente prosperidad de la villa.


Réplica ampliada del azulejo existente en su casa natal. Actualmente en la Casa del Arte Flamenco

Siendo el mayor de los hermanos (Aguila, Curro, Juan, Rosario, María Josefa), tiene que ayudar a su padre para mantener a la familia. Siempre lamentó Antonio su escasa alfabetización. Sólo pudo acudir tres años a la escuela, que abandona por necesidades de la familia para trabajar en la herrería de su padre como la mayor parte de los niños de la villa en aquella época. Sus emotivos recuerdos del trabajo de la fragua cargarán de simbología estos elementos constituyendo un motivo metafórico muy repetido en su cante y sus textos. Durante toda su vida luchó por remediar esta carencia de formación leyendo e incluso acudiendo a academias nocturnas para aprender a escribir.

Como expresa el propio Maestro, Mairena ha sido siempre una localidad eminentemente cantaora y este clima influyó profundamente en su formación artística. Recuerda el amor del pueblo al cante y al baile en la feria, los coros de campanilleros y las saetas, y alababa su gusto por los palos esenciales del cante jondo.

Se inició en la profesión de su padre y creció en el ambiente flamenco de su familia, muy aficionados al cante flamenco. De su padre, buen aficionado, hereda el gusto por el cante y de su madre, que cuando niña había sido Verónica en la procesión de Jesús Nazareno, la devoción por la Semana Santa, reuniendo ambos mundos en el peculiar amor que pone en las saetas. En la herrería escuchaba los cantes de trabajo con que acompañaba la labor de fragua y los que interpretaban a veces algunos amigos de su padre, aficionados al cante, que se reunían en el local. De la mano de su padre, siendo niño, acude a algunas fiestas gitanas en las que conoció a grandes cantaores como Manuel Torre, Joaquín el de la Paula o El Gloria, con los que mantenía su padre cierta amistad, quienes despiertan en el joven Antonio la inquietud por el buen cante y serán, a la postre, sus primeros maestros.

Cuenta en sus memorias que su primera actuación fue siendo un niño en una de estas fiestas familiares, hacia el año 20, con motivo de la estancia en Mairena del bailaor Faíco, interpretando un tango de Pastora Imperio, de moda por aquella época, "Soy grande con ser gitano", que causó sensación entre los asistentes.


1.- El ambiente flamenco a principios de siglo XX


Cuando nace Antonio el flamenco es ya un arte ciertamente extendido por toda la Andalucía Baja. Esta genuina manifestación cultural se venía gestando en los ambientes gitanos de las ciudades de la Baja Andalucía desde, al menos el s. XVIII, con especial intensidad en Triana y Cádiz, en cuyo arsenal de la Carraca fueron encerrados tantos gitanos en los procesos represivos del s. XVIII. En el mundo íntimo gitano se desarrollan los cantes de fiesta, de trabajo y de lamento, cargados de profundo sentimiento y múltiples alusiones a costumbres y hechos exclusivos de la comunidad gitana.

A lo largo del XIX el cante fue saliendo de estos ambientes para acompañar fiestas, celebraciones y juergas más genéricas y abiertas, costeadas por personas acomodadas que gustan del costumbrismo popular, como nos recuerda Cadalso y algunos viajeros románticos en sus obras. Gracias a ellos tenemos las primeras noticias sobre cantaores y guitarristas de cierto prestigio, contratados para estas fiestas.

Ya a fines de siglo encontramos algunos cantaores, de fama reconocida en ciertos ambientes, como El Fillo, El Planeta y Antonio Chacón de Jerez. En Sevilla Silverio Franconetti establece un Café Cantante donde ofrece espectáculos flamencos, y entre los entendidos resuena el eco de Juan Breva y Tomás El Nitri. Éste último recibe de modo informal durante una fiesta la primera Llave de Oro del Cante, en reconocimiento a su maestría. En los barrios populares, se mantiene el cante en las minorías y ambientes íntimos destacando Joaquín el de la Paula o Agujetas el Viejo de Jerez.

Antonio forma parte de la gloriosa generación que llevó el cante a sus más altas cotas de expresión. En las primeras décadas del siglo XX se forjan, junto al maestro de los Alcores, diversas figuras señeras como los hermanos Pavón Cruz (Pastora, La Niña de los Peines, Arturo y Tomás), Manuel Torre, Manuel Vallejo, El Gloria, Juan Varea, Pepe Pinto, Manolo Caracol, Tía Anica la Piriñaca, o Juan Talega.


2.- Primeros premios

Cuando comienzan a surgir decididamente los profesionales del cante, el baile y el toque, ciertos sectores de la intelectualidad afines a lo que dará en llamarse Generación del 27, comienzan a ver en el mundo flamenco una de las más puras manifestaciones de la cultura andaluza, marginada y amenazada de muerte por el desarrollo que iba adquiriendo el país y la degradación que su comercialización estaba produciendo en los cafés cantantes. Temiendo la pérdida de dicha riqueza cultural intelectuales de la sensibilidad de Manuel de Falla o Federico García Lorca intentan recoger la esencia del flamenco y darlo a conocer a los intelectuales del resto de España y Europa invitados por ellos a Granada. Este fue el objetivo central del concurso de cante flamenco, celebrado en Granada en 1922, en el que la única exigencia era que los aspirantes fueran desconocidos, gente del pueblo. El certamen lo ganó Diego Bermúdez Cala, El Tenazas, y se le otorgó una mención de honor a un niño de 13 años llamado Manuel Ortega Juárez, Manolo Caracol.

Antonio comienza a cantar en algunas reuniones familiares, bautizos y bodas y alguna que otra vez en algún café de Carmona, siendo muy apreciadas sus dotes por los entendidos. Esto le impulsó a intentar participar en 1922 en el concurso de Granada, pero su padre no le dejó ir por su corta edad y la falta de dinero para costear el viaje.

Pudo hacerlo finalmente dos años después, en 1924, en el concurso de la Feria de Alcalá de Guadaíra. Tenía 14 años y cantó por seguiriya y soleá con tanto arte y embrujo que Joaquín el de la Paula le dio el primer premio, dotado con 20 duros, a aquel mozalbete que comenzaba a ser conocido con el sobrenombre de Niño de Rafael. Posteriormente Manuel Torre será quien comience a llamarle entre sus conocidos Niño de Mairena fraguando dicho nombre para la inmortalidad.


3.- En la Alameda

Durante algún tiempo, para ayudar a la familia, trabaja en una taberna de un familiar en Arahal y tras la muerte de su madre, en 1928, y el segundo matrimonio de su padre, (del que nacerán Ángela y Manuel), Antonio se traslada a vivir a Carmona. Ese mismo año comienza su indagación en los cantes viejos. De la mano de Diego el de Brenes, quién le ayuda a rescatar los primeros cantes antiguos del Nitri y Juanelo, se inicia en la senda del rescate de formas perdidas o agonizantes del cante.

Trató de introducirse en los espectáculos de la ópera flamenca, en los cafés de Sevilla, sin mucho éxito. Ya por entonces su estilo recio y tradicional resultaba un tanto duro para un público que iba acostumbrándose a cantes más ligeros. Donde sí logró un cierto reconocimiento fue en el ambiente de las fiestas de la Alameda de Hércules, donde conoció a grandes artistas, y comienza a actuar en algunos modestos espectáculos en 1929. Antonio siempre los recordaría como su inicio profesional.

A través de varios amigos logró actuar, al año siguiente en el Kursal Internacional de Sevilla, un cabaret de lujo donde se ofrecían espectáculos de cuadros flamencos. Le acompañaba a la guitarra Javier Molina. Pero donde más se movió fue por los colmaos y cabarets nocturnos de Sevilla, viviendo el ambiente de juergas nocturnas y fiestas gitanas, amaneciendo muchos días en el pasaje Europa de la Alameda, o en la cava de los gitanos de Triana. De los viejos cantaores aprenderá cantes que agonizaban como el ascua de un antiguo esplendor y que sabrá hacer revivir con genio inigualable.

Ese mismo año organiza un espectáculo benéfico en Mairena con Manuel Torre, a quien bautizaron "acabareuniones" porque demostraba tal maestría que nadie quería cantar después de sus extraordinarias y sentidas actuaciones.


4.- La evolución del flamenco

Por esos años triunfa en Sevilla y Madrid la llamada Ópera flamenca, un invento del empresario Vedrines, que aprovechó las ventajas fiscales que la ley de 1926 ofrecía a locales especializados en conciertos instrumentales y de ópera frente a los de variedades y los cafés cantantes, (tarifa del 3% frente al 10 %), para "rebautizar" los espectáculos flamencos. Pronto se extendió la afición a esta mezcolanza de elementos llenándose plazas de toros, teatros y otros grandes locales con un público que prefería la ligereza de un fandango a la jondura de una seguiriya. En palabras de García Sanchís " El cante al dejar de ser gitano, pierde calidad, para hacerse más del público" y por lo tanto pierde esencia y mensaje para ganar en detalles, adornos y requiebros ligeros. En estas óperas triunfaron, junto a "fandanguilleros" de poca relevancia, nombres clave del flamenco como Juan Valderrama, Pepe Marchena, Pastora Pavón o Manolo Caracol, cantando fandangos, estilos de ida y vuelta y cuplés.

En Madrid, proliferan los espectáculos en teatros, clubes nocturnos y salas de fiestas. Aprovechando la repercusión del primer concurso flamenco celebrado en 1922 en Granada, el empresario del Teatro Pavón, decidió crear, en agosto de 1925, la llamada Copa Pavón, que ganó Manuel Vallejo. En 1926, tras ser derrotado en dicho certamen por Manuel Centeno, Vallejo recibe de Antonio Chacón y Manuel Torre la Segunda Llave de Oro del Cante, como símbolo de la sabiduría, continuidad y pureza del cante.


5.- Primeros éxitos en Sevilla

En la agonía de la monarquía alfonsina, en enero del 31, Antonio se incorpora a filas haciendo el servicio militar en diversas plazas africanas (Larache, Alcazarquivir). La suerte le sonrió esta vez, pues se vio favorecido por la ley de reducción del servicio militar establecida por el gobierno de la II República. Tras su licencia Antonio monta una taberna en la plaza de las Flores (que hoy lleva su nombre), donde, entre vasos de vino, echaba unos cantes con los amigos.

A principios de la década comienza a ser conocido en Sevilla en actuaciones esporádicas que le van creando un cierto nombre entre los aficionados, especialmente en las fiestas de la Alameda, a las que sigue acudiendo. De la mano de Rafael Tristán, participa en reuniones y fiestas íntimas en los colmaos de la Alameda de Hércules y en el Pasaje del Duque.

Su primer gran triunfo en Sevilla se producirá durante la Semana Santa de 1933, cuando los directivos de la Tertulia Sevillana, entre los que se encontraban Rafael El Gallo, Juan Belmonte y otros personajes sevillanos aficionados al cante, lo contratan para sustituir a "El Gloria" como cantaor de saetas. Desde el local de la tertulia, situado en la esquina de Sierpes con plaza de San Francisco sobre el bar Laredo, dio una magistral lección del cante por saetas, siendo sacado, como los toreros, a hombros por los aficionados. Especialmente recordada será su serie de saetas al Cristo de los Gitanos, que hizo retrasarse hasta tal punto a la cofradía en la carrera oficial que fue multada por ello. La prensa de la época situaba, al que ya comenzaba a ser conocido como Niño de Mairena entre los grandes saeteros como El Gloria y Manuel Torre.

El mismo año 1933 conoce a Carmen Amaya, en una fiesta en La Venta de Antequera, quién le contrata para actuar en el Variedades (Cine Trajano) y grabar en Barcelona los cantes de la película María de la O, que estaba rodando por esas fechas. Continuó participando en reuniones, espectáculos y actuaciones en Sevilla y de vez en cuando hacía alguna visita a los gitanos de Utrera, Jerez y Alcalá para oír las viejas formas, las esencias más puras del flamenco que se estaban perdiendo (Joaquín la Cherna, Paco La Luz, Joaquín el de la Paula, Loco Mateo ,La Serneta), que se conservan hoy gracias al genial maestro. De la mano de Juan Talega recupera la toná liviana de Juanelo, y será su guía en sus contactos con los grupos de gitanos de Triana, Utrera, Jerez y, Lebrija. En 1936 conoce y comienza a trabajar con el guitarrista Melchor de Marchena, quien se convertiría en su apoyo más firme en su carrera profesional.


6.- La Guerra Civil

El estallido de la guerra le coge durmiendo, recién llegado a Sevilla desde Mairena del Alcor, donde había actuado en una función benéfica con Melchor. De familia de conocida tendencias republicanas, Antonio, tras refugiarse los primeros días en Mairena, opta por alejarse del pueblo, donde era muy conocido. Cuando sus dos hermanos en edad militar, Curro y Juan, fueron llamados a filas, Antonio pudo quedarse junto a sus padres para contribuir al sostenimiento del resto de la familia.

Por ello precisamente se ve obligado a rechazar la posibilidad que le ofrece Carmen Amaya, de partir con ella como cantaor en una gira que emprendió por América, y prefirió quedarse en Sevilla, cantando en locales de la Alameda e incluso en casas de trato, como la Macilenta, para ganarse la vida. De esta vida nocturna en una Sevilla, controlada por las tropas franquistas guarda recuerdos imborrables, agradables unos, como la temporada que pasó "enredao" con Amparo, una chica que conoce en noches de juerga, desagradables otros como los fusilamientos al amanecer en las tapias del cementerio de San Fernando. Especialmente desagradable fue la noche en que unos señoritos falangistas le obligaran a cantar el Cara al Sol por bulerías, bajo la amenaza de la pistola del 9 largo que descansaba sobre la mesa. Hubo de actuar también en fiestas ofrecidas en la Venta de Antequera por los jerarcas sevillanos al visir de Marruecos y al conde Ciano, yerno de Mussolini y representante del régimen fascista italiano.


7.- Primeros discos

Tras la guerra, se establece en Carmona donde consigue algunos trabajos mientras continúa actuando en ventas y locales de Sevilla y ocasionalmente en Madrid. En 1941 sus contactos entre guitarristas y cantaores sevillanos le permiten introducirse en el mundo de la discografía, por aquellos años de posguerra, muy pobre. De la mano del guitarrista Esteban Sanlúcar grabó sus 4 primeros discos en la casa La voz de su amo. Pensaba grabar por seguiriyas, soleares, alegrías, bulerías y tangos, pero en la discográfica le obligaron a cantar por fandangos y cuplés por bulerías, que estaban entonces más de moda.

Casa donde vivió en Carmona durante 15 años


8.- Sobre las tablas

Poco a poco su actuación se van haciendo más estable y logra introducirse en el mundo de los cuadros flamencos de Sevilla y Madrid. Figuró en la compañía de Juanita Reina y en el ballet de Pilar López, durante los años 1943 y 1944, aunque siguió actuando en algunas fiestas para aficionados y señoritos. Pastora Imperio le contrató, en 1945, para actuar en la venta La Capitana, de Madrid, alternando con Juanito Mojama, el Niño de la Calzada, José Cepero y otros artistas. En 1946 pasó al colmao Villa-Rosa y posteriormente al cabaret Samba.

Cuando poco después regresa a España Carmen Amaya le incorpora a su espectáculo en el Teatro Fuencarral donde destaca en un espectáculo basado en romances de Lorca. Consagrado ya su nombre en el mundo flamenco como gran cantaor, de voz intensa y recia, de gran dominio y pureza en el cante, en 1950 es contratado para hacer una gira por Europa con el ballet de Teresa y Luisillo, recorriendo Bélgica, Alemania y Gran Bretaña, y más tarde parte del norte de Africa.


9.- El auge del flamenco en los 50

En los 50 el flamenco es conocido en medio mundo gracias a los conjuntos flamencos, que habían restado densidad a los cantes para facilitar la comprensión por todos los públicos. Se ponen de moda los tablaos, a los que comienza a acudir un público variado en un ambiente artístico que comenzaba superar las difíciles condiciones de la década anterior. Antonio se incorpora a este mundo actuando en El Duende, de Madrid. Y otros donde se reunían un publico entendido y exigente con el cante puro.

Pero, como lamenta el propio maestro, el cante entra en decadencia. Los viejos cantes se subordinan al baile, perdiendo sensibilidad y pureza. La mayor parte de los artistas, respondiendo a la demanda de un público cada vez más amplio pero menos entendido, se decanta por la copla popular, la canción ligera y el cante de acompañamiento al baile, las tonadillas y otros palos ligeros. En algunos casos llegaba a degenerar de tal modo, en palabras del maestro que " vociferaban en vez de cantar, como si se mofaran de su propio cante, pataleaban y producían un ruido infernal... lo que cantaban no tenía ni nombre". Afortunadamente un núcleo de cantaores sigue interpretando, en ambientes íntimos y pequeños escenarios, los estilos de siempre: Juan Talega, Fernanda y Bernarda de Utrera, Fosforito, Chocolate, los Pavón, Agujetas, serán los referentes que Antonio Mairena.

Al aire de este desarrollo las casas discográficas comienzan a editar discos de flamenco que encuentran un público fiel. Hispavox edita la primera Antología del Arte Flamenco, dirigida por el guitarrista Perico el del Lunar, y los artistas flamencos comienzan a difundir su obra en la radio, que pone al alcance de un público, por primera vez masivo, un arte que hasta el momento se había circunscrito a grupos minoritarios. Antonio se introduce en este mundo en 1950 grabando 4 discos de pizarra en la casa Columbia, lo que le permite alcanzar una cierta difusión, y poco después graba con Paco Vallecillo un nuevo disco en Tánger con cantes de Enrique el Mellizo y fandangos.


Monumento al flamenco. Antonio Gavira Alba.

Por mediación de Juan Valderrama, Antonio entra en contacto con Antonio Ruiz Soler, el bailaor, quien le incorpora a su ballet en calidad de cantaor para el baile. Permaneció en la compañía diez años recorriendo Europa, América, África y Asia. Estas actuaciones le dieron a conocer a un amplio público y supuso para su carrera el espaldarazo definitivo.

En 1954 graba en Londres un LP, con seguiriyas, soleá, cantiña, liviana y la Nochebuena de Jeréz, que le lanzará al estrellato dándole a conocer en ambientes musicales más amplios y mostrarse como gran maestro en el dominio de los difíciles palos del cante puro que tan pocos cantaores abordaban. A este le seguirán varios discos en la casa Columbia, entre los que cabría destacar Cantes de Antonio Mairena, de 1958, que le ponen al alcance de un gran conjunto de aficionados que mantiene viva la llama del cante viejo.

Pero, como señalan los estudiosos, lo que realmente gustaba a la mayor parte del público, lo auténticamente popular, era la copla, el cante de Marchena, Caracol, Valderrama y las sevillanas, algo ligero sin tanta profundidad como el Cante Jondo, que no requería conocimiento, sin tanto sentimiento ni elaboración, pero fácil de entender, asimilable por la mayor parte de un público poco entendido. El Cante Jondo sigue siendo un cante de minorías, muy diferentes a las de sus orígenes, pero minorías al fin y al cabo.

En este ambiente de cierto auge del flamenco se celebra en 1955 en el Patio de Banderas de Sevilla un Certamen Flamenco, dentro del Festival Internacional. El año siguiente retomando la idea y con el impulso del poeta local Ricardo Molina, del grupo Cántico, se celebra en Córdoba el Primer Concurso Nacional de Arte Flamenco, que ganó Fosforito.

Al calor del progreso del flamenco surgen las peñas, respondiendo a la necesidad de tantos aficionados de unirse para fomentar en su círculo más cercano el flamenco. Inician esta andadura La Platería en Granada, Juan Breva en Málaga y Los Cernícalos en Jerez, entre otras, dando rienda al impulso del flamenco, organizando tertulias y actos flamencos y, poco a poco, potenciando los primeros festivales. En 1958 se crea la Cátedra de Flamencología de Jerez, toda una institución en el mundo de las asociaciones flamencas, de la que Antonio Mairena será nombrado Director Honorario en 1959.


10.- III Llave del Cante

Tras la muerte de Manuel Vallejo en 1960, los organizadores del concurso de Córdoba deciden ofrecer de nuevo la Llave de Oro del Cante, que tenía Manuel, en el propio concurso de 1962. Compiten en mayo en la plaza de la Corredera, por el trofeo Fosforito, Chocolate, Juan Varea, Pericón, Platero de Alcalá y Antonio Mairena. Tras una memorable actuación en la que recreó los cantes de del Planeta, del Fillo, de Tomás el Nitri, de Silverio y Manuel Torre, demostrando un conocimiento, un dominio y un repertorio que nadie podía igualar, el jurado, en el que destacaban Ricardo Molina y Juan Talega, le otorgó la Llave de Oro del Cante, de la que le hizo entrega el bailaor Antonio en el Alcázar de los Reyes Cristianos.

Desde entonces se empeñó en revalorizar el cante y llevó a cabo una serie de grabaciones antológicas. Gracias a este premio se consagró y comenzó a ser requerido en todos los festivales que comenzaban a surgir por toda la Baja Andalucía.

Antonio dignifica el premio, le da prestigio y sentido a la llave, le da el pleno significado de maestro en el dominio de los cantes y definidor de estilo en el arte. Con motivo de la concesión la Cátedra de Flamencología, en Jerez se le rindió el primer homenaje de su vida, en un festival con la participación de destacados artistas y de los poetas Ricardo Molina, Antonio Murciano y Manuel Ríos Ruiz.

Antonio, con la Llave en la mano, fundó una escuela que perdura hasta nuestros días, convertido en albacea de la pureza de los viejos cantes y guía de una nueva generación de cantaores comprometidos con el mairenismo hasta la médula.


11.- Los festivales

Realmente los primeros festivales flamencos surgen a fines de los 50, en la estela del certamen de 1955 del Patio de Banderas, normalmente organizados por ayuntamientos, grupos y tertulias de aficionados o hermandades, con fines benéficos o promocionales. Pero es en la década de los 60 cuando tomaron verdadera importancia. A raíz del desarrollo económico, la promoción de los municipios y el fomento estatal de los atractivos turísticos, y entre ellos el flamenco, proliferaron unos festivales que se convierten en una típica celebración veraniega, propicias para la noche en espacios grandes y abiertos. Si por una parte, como se lamente el maestro, se perdía la intimidad del ambiente tradicional del cante y aparecían banderías siguiendo a determinados cantaores, los festivales ofrecían un medio excepcional de mejorar la estima social y el nivel de ingresos de los cantaores y una oportunidad de promoción de jóvenes valores.


Carteles del Festival de Mairena

Destacaremos en estas breves líneas el Potage Gitano de Utera, el concurso de la Unión, el festival de Arcos de la Frontera, el Gran Festival de Cante Grande de Écija, El Gazpacho Andaluz de Morón de la Frontera, la Caracolá de Lebrija o el Festival de la Guitarra de Marchena.


12.- El Festival de Cante Jondo

El festival de Mairena del Alcor surge como acto benéfico en 1962 organizado por el párroco de la villa Enrique López y Antonio Mairena. El objetivo inicial era organizar un espectáculo a beneficio de la parroquia, con un festival de canciones andaluzas y cante flamenco incluyendo un concurso para promocionar a los jóvenes aficionados. Nacía el festival en la noche del 25 de agosto, con la intención, en palabras de Antonio" de convertirlo en "la fuente líquida donde los cantaores que se están formando y los que le sucedan beban en las puras aguas del cante flamenco".

Tras el éxito de la primera convocatoria y un segundo intento el año siguiente, frustrado por diversos problemas económicos y organizativos, en 1964 el alcalde Agustín Jiménez, apoya decididamente la organización del festival iniciando una senda que ya será definitiva. En su tercera edición el Concurso y el Festival se celebran en dos días sucesivos, adoptando la peculiar forma que ha conservado hasta nuestros días.

Sobre sus tablas consiguieron trofeos figuras tan señeras del cante como El Lebrijano (1964), Calixto Sánchez y Manuel Mairena (1965), Agujetas de Jerez, Camarón de la Isla y José Menese (1966), Fosforito (1967), Curro Malena y Chocolate (1968), José de la Tomasa (1973), Rancapino (1974), Chiquetete (1975) o Juana la del Revuelo (1983).

En homenaje al maestro el Ayuntamiento de Mairena del Alcor erige en 1968 el monumento "Al Cante Grande Gitano, llevado a la más alta cumbre en alas del maestro Antonio Mairena", obra de Antonio Gavira Alba. En lugar destacado recoge los cuatro cantes básicos (tangos, tonas, seguiriyas y soleares), verdadero pilar del Cante Jondo y el primer grupo de cantes del Concurso de Mairena, amparados por la musa del arte flamenco.


13.- Investigador del flamenco

Gran investigador y estudioso de los cantes viejos, Antonio Mairena desarrolla su labor profundizando en el conocimiento del cante, reelaborando los viejos estilos ordenando las interpretaciones de los cantes y su rico abanico de matices y variantes, adquiriendo un conocimiento que por su amplitud podríamos calificarlo de enciclopédico.

Antonio rastrea en una larga tradición oral, aprendiendo las versiones ofrecidas por generaciones de cantaores que habían ido modificando y adaptando la forma oída a su peculiar manera de cantar, interpretando. Son numerosas las anécdotas que ilustran el proceso de seguido por Antonio para la depuración y elaboración de los viejos cantes, eliminando elementos que considera impuros o añadidos y mejorando el cante hasta conseguir una forma depurada y completa, engrandeciendo en muchos casos el modelo inicial. De esta forma puede considerársele un gran creador de formas, La historia de los cantes de Charamusco, la toná de los pajaritos, o los romances, son creaciones musicales propias elaboradas a partir de formas antiguas.

Mairena es el puente que nos permite acercarnos a los grandes cantaores del pasado. Gracias a su labor podemos conocer hoy perfectamente los cantes más antiguos en toda su pureza y a interpretarlos de la misma manera antes de que se adulteraran. En palabras de Antonio Reina "su gran amistad con Juan Talega le ayuda en estos menesteres y en poco tiempo saca a la luz formas y estilos que de no ser por él se hubieran perdido indefectiblemente. Los romances, la toná-liviana, los cantes del Loco, la toná grande, los cantes del Fillo y de Tomás el Nitri, entre otros, vuelven a la luz, con más claridad y perfección, que si fusen cantados por sus genios creadores".


Aprovechando su prodigiosa memoria, Juan Talega lo definió como "magnetófono viviente", se queda con el tono, la voz y el aire de los cantaores, pudiendo reproducirlo nítidamente, en incluso, captando su esencia más profunda, limpiarlo de extrañezas y adherencias añadidas en el proceso de transmisión oral de unos cantaores a otros, purificando el cante y definiendo una forma final cristalina y perfecta. Hoy conocemos estilos que sin su mediación estarían irremediablemente perdidos: como los cantes del Nitri, de Juanelo, de Juan Junquera, del Loco Mateo, de Silverio, de Perico Frascola, de Frasco el Colorao, las livianas primitivas, la toná, los corridos o romances gitanos,...

Fue también difusor del Cante y el estudio del mismo, y uno de lo responsables de su introducción en los medios universitarios. Pronunció numerosas conferencias y comienzan a prodigarse los recitales ilustrados con conferencias. Logra llevar el flamenco a los círculos intelectuales. De la mano de cantaores como Antonio Mairena, nace la palabra "flamencólogo" y el flamenco sufre una importante revisión histórica. Todo ello confluye en la concepción de un nuevo tipo de festivales de larga duración, como la Bienal de Sevilla, modelo artístico de mayor vigencia en la actualidad.

Destacó además como teorizador en 1963 en colaboración con Ricardo Molína, publica el libro Mundo y formas del cante flamenco, donde ofrece peculiar interpretación de la evolución del cante flamenco y analiza la vertiente gitano andaluza del arte jondo, para justificar la supremacía de los artistas de su raza gracias a lo que él llamó "Razón incorpórea". Pero quizás la parte más interesante sea su clasificación de los palos del cante ofreciendo una explicación fundamentada sobre su evolución y diversificación.

Su segunda obra, Las confesiones de Antonio Mairena, aparece en 1976, publicada por la Universidad de Sevilla, en edición preparada por Alberto García Ulecia. En ella recopila sus recuerdos, desgranando el cantaor su vida y experiencias, entreverando pinceladas de análisis del cante y el ambiente flamenco que conoció directamente.

En los 60 participa en diversas conferencias ilustradas con cantes en Osuna, Sevilla y Córdoba, generalmente con Miguel Acal, Ricardo Molina y Francisco Vallecillo, destinadas a dar a conocer a aficionados, estudiosos y público en general las diversas variantes del cante flamenco. En 1963 la Universidad de Sevilla celebra la semana de estudios flamencos siendo ilustrada por la actuación de Antonio Mairena. Ese mismo año será nombrado Doctor "Honoris Causa" por la Universidad de Córdoba. En la misma línea divulgativa publicó unos 15 artículos en prensa y revistas especializadas como Candil.

Incluso Antonio Burgos, para quien Antonio Mairena no es precisamente santo de su devoción, no puede menos que reconocer su aportación al cante "No niego, ni mucho menos, todo lo que el Niño de Mairena hizo por el cante. En primer lugar, pasar de ser el Niño de Mairena a ser Ilamado, en las universidades, don Antonio Mairena." . Con todo ello consigue que el reconocimiento musical del cantaor y que el cante de "cabales" saliese de los ambientes y fuese conocido y degustado por los buenos aficionados.


14.- Razón Incorpórea

Es en esta época cuando Antonio da forma al concepto que lleva arrastrando y le quema en el alma. Razón incorpórea Mairena la define como "el honor gitano, la base de la cultura gitana el conjunto de nuestras tradiciones y ritos solo comprensible para los gitanos, fuente de inspiración del cante, solo expresable con metáforas", se expresa mediante el duenda, es la razón de los ritos antiguos, el cumplir la ley moral gitana, respetar las tradiciones

Creía en el duende, la catarsis griega, la liberación de las más profundas cavernosidades del yo, del interior esencial, que refleja en muchos de sus cantes como el ascenso a un monte, la entrada a un castillo, el acceso a un mundo interior esencial donde se siente otra persona distinta, ensimismado y a la vez conectando con un sentir de raza, un ser gitano profundo y básico que da sentido a todo su cante, como explica el propio Maestro:

"Yo he tenido momentos de trance, eso que se llama también momentos de éxtasis, de creerte que estás en otro mundo, de palpar con tus sentidos la grandeza del más allá. Cosa grande esta. Después es como si te diera miedo o rabia. Después te quedas como prendido de hilos que se suspenden en algo que no conocemos, porque yo cuando canto no abro los ojos, porque para cantar tengo que soñar, tengo que no ver y cuando despierto del letargo si lo he hecho bien mi espíritu es como si hubiera estado en un lejano cautiverio. Después quedo libre de mi cautiverio, al haber dado rienda suelta a mis íntimas satisfacciones."


El cante es una manifestación artística surgida de, un pueblo, en la que se revela lo más esencial y vivo de la raza gitana, la fuerza matriz de la tierra andaluza y el alma de su gente. Para Antonio no basta con cantar a compás "Hace falta además conocer los cantes y saber respetar las motivaciones que los inspiran... conocer sus estructuras producto de una evolución natural de los cantes".


15.- La Casa del Arte Flamenco "Antonio Mairena"

Con el desarrollo del flamenco en la década de los 50 proliferan las tertulias y se formalizan las peñas. La ley de asociaciones suprime las trabas y da marchamo oficial a muchas de estas asociaciones en la estela de la Tertulia Flamenca de Sevilla, quizás la pionera.


Casa del Arte Flamenco en la plaza Antonio Mairena

En su pueblo natal, un grupo de cantaores y aficionados locales que formaban desde 1968 la tertulia Álbum de aficionados , fundan, el 27 de junio de 1971 la Casa del Arte Flamenco Antonio Mairena. El nombre hace referencia al Arte en su conjunto, por que quería Antonio que se englobara también el toque y el baile. Su misión debe, ser en palabras del maestro " formar una buena afición que sepa escuchar y que pueda valorar lo que escucha". Desde entonces la peña vienen encargándose de la promoción de jóvenes promesas, organizando, en colaboración con el Ayuntamiento, el concurso de aficionados que ha lanzado a la fama a multitud de estrellas del flamenco.


16.- Su gran labor discográfica

Entrada la década de los 60, y afianzada su figura como autoridad en los cantes tradicionales, Hispavox le ofrece la oportunidad de divulgar su larga labor de rescate de formas mediante la fijación discográfica de formas clásicas grabando 3 discos recopilatorios de cantes viejos. En 1963 aparece Antología del Cante flamenco y gitano de Columbia, al que seguirán Sevilla cuna del cante flamenco, Cien años de cante gitano y las Llaves de oro del cante flamenco, en lo que ofrece a los aficionados, cada vez más numerosos, una amplia panorámica de las viejas formas. Posteriormente graba El festival de cante jondo Antonio Mairena y especialmente La gran historia del cante gitano-andaluz, la obra más importante, que reúne en tres LPs la más completa colección de cantes históricos y formas recuperadas por el maestro. Le siguieron Sevilla por Bulerias, Honores a la Niña de los Peines, Mis recuerdos de Manuel Torres y la fragua de los Mairena, este último grabado con sus hermanos Curro, Juan y Manuel. A fines de una década tan fructífera graba dos discos de temática religiosa Misa flamenca y Saetas de Antonio Mairena.

En la década de los 70, reconocido ya como maestro consagrado la casa Ariola graba tres LPs Antonio Mairena y el cante de Jerez, Cantes festeros de Antonio Mairena, y Grandes estilos flamencos, en los que amplía el abanico de formas y palos rescatados del olvido ofreciendo a los aficionados un repertorio de cantes antiguos, interpretados con su magistral estilo. Con la casa Philips graba Cantes de Cadiz y los Puertos, en el que ofrece un sentido homenaje a los viejos cantaores de la provincia gaditana. La misma línea traza en sus siguientes obras Triana raíz del cante, Esquema histórico del cante por seguiriyas y soleares, en los que ofrece los frutos de su investigación y rescate de formas tradicionales en los palos básicos.

 

 

Fueron muchos los homenajes y las distinciones que recibió durante los años sesenta y setenta. El Ayuntamiento de Mairena le rinde homenaje por la consecución de la Llave de Oro del Cante. La Cátedra de Flamencología, que le había nombrado presidente honorario en 1959, le concedió el Premio Nacional de Flamenco en 1966, 1971 y 1973 dentro de una casacada de homenajes y reconocimientos entre los que destacaremos el que le rinde la Facultad de Derecho de Sevilla en 1969, la Casa de Andalucía de Barcelona, en 1970, la entrega de la medalla de oro de Málaga en 1972, y la Tertulia Flamenca de Radio Sevilla coloca en octubre de 1973 en la casa de la calle Pedro Ayala, en la que vivía desde 1956, una placa en la que le calificaba como "el cantaor más completo de todos los tiempos".

De familia republicana, los últimos años de su vida puede contemplar la caída de régimen franquista y la Transición democrática, que recibe con alegría: "soy un hombre libre me gusta la democracia con orden y que todo el mundo pueda disfrutar de ella". Pese a su avanzada edad y a sus achaques no limita su actividad. No cesa de acudir a recitales, conferencias ilustradas con cante, homenajes e incluso tiene tiempo para participar con frecuencia en la tertulia flamenca de Radio Sevilla.

En 1979 Antonio celebra sus bodas de oro con el cante. El festival de Mairena, en su XVIII edición, le dedica un emotivo homenaje, con un elenco excepcional. Sumándose a los múltiples reconocimientos de peñas, tertulias y grupos de aficionados, el Ayuntamiento de Sevilla conmemora la fecha nombrándole Hijo Adoptivo de la ciudad y el de Mairena coloca una placa de azulejos en su casa natal, que, lamentablemente hoy, por su localización, resulta de difícil lectura.


17.- El calor de mis recuerdos

Poco antes de su muerte, realizó su última grabación en disco, a beneficio de los artistas flamencos de la tercera edad. El calor de mis recuerdos es su obra definitiva, su testamento artístico y quizás una de sus más logradas creaciones poéticas. En sus cantes desgrana todo lo que ha sido para él su "matrimonio" con el arte: sus inicios en Alcalá, en la conocida fuente de la Retama; sus primeros contactos con esa "primita gitana" que es el cante; conservado en el seno de las estirpes cantaoras, como el oro fino que mantiene su valor; su búsqueda incansable de las esencias más puras de la tradición de su raza a través de su manifestación mas genuina: el flamenco; los goces místicos y las cumbres de pasión y arrebato que alcanza en el delirio de su arte, ese duende que le saca de sí, que le hace "prebelicar del sentio", le transforma y le enajena; y finalmente la dramática despedida del mundo artístico de quien sabe que todo termina para él.

A ninguna de sus obras cuadra mejor las palabras de Luis Melgar referentes al maestro: "Mairena es un místico flamenco; misticismo que le ha llevado siempre, desde sus primeros pasos a buscar con frenesí obsesivo la pura verdad flamenca para ofrecerla como contrapartida a tanto desvarío, a tanto sucedáneo, a tanta mentira y a tanta falsedad como recubrían el cante."


18.- Llorando al maestro

Como digna coronación a su carrera artística y a su profundo amor por el trabajo se le concede en abril de 1980 la más alta distinción, la Medalla al Mérito en el Trabajo en su categoría de plata con ramas de roble que le es impuesta en el Congreso de Actividades Flamencas.

En el festival de 1982, el de su retirada, coincidiendo con su 73º cumpleaños, recibió de manos de Soledad Becerril y del alcalde de Mairena la medalla de oro y el nombramiento de Hijo Predilecto de la villa, y de sus paisanos un rendido homenaje a tan larga trayectoria artística. Antonio respondió con una de las más memorables actuaciones ante dirigentes nacionales de los principales partidos políticos reunidos que no quisieron perderse el homenaje.

Era la culminación de una vida cuajada de triunfos. Se le otorgaron honores que no han sido alcanzados por ningún otro artista flamenco: llega a ser Presidente Honorario de la Cátedra de Flamencología de Jerez de la Frontera en 1959; obtiene su premio nacional de flamenco en 1966, 1971 y 1973. Aparte de numerosos premios de tertulias, peñas y concursos flamencos, en 1962 le fue otorgada la III Llave de Oro del Flamenco; la Medalla al Mérito al Trabajo en 1981 y la Medalla de Oro de las Bellas Artes en 1983.

Poco le queda ya al viejo maestro. Los últimos años los pasa recogido en su casa, y apenas concede entrevistas. Recién acabado el festival de 1983 (ese año se celebró el 3 de septiembre), Antonio Mairena ingresó en la UCI en la tarde del 5 de septiembre de 1983 tras sufrir un ataque cardíaco. Ya nada se pudieron hacer los médicos en el hospital, donde moriría sobre las 7 de la tarde.


Mausoleo del cementerio mairenero de San José. Jesús Gavira Alba.

Por expreso deseo del cantaor su cadáver fue trasladado a su pueblo natal, Mairena de Alcor. durante toda la noche miles de vecinos y aficionados llegados de todas partes visitaron la capilla ardiente. Al día siguiente se efectuó el entierro en el cementerio de S. José, contando el acto con la presencia de los presidentes de la Junta de Andalucía y del Parlamento Andaluz, el Delegado del Gobierno en Andalucía, numerosas autoridades, artistas flamencos y miles aficionados y vecinos que abarrotaron el cementerio.

El Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía le concedió póstumamente el título de Hijo Predilecto de Andalucía, "por su trabajo, que ha marcado un hito fundamental en la historia de la cultura andaluza".

19.- Tras su muerte

Lo mismo que en los últimos años de su vida, Antonio Mairena, fue objeto de numerosos homenajes. Especialmente sentido fue el homenaje que tuvo lugar en el Teatro del Círculo de Bellas Artes de Madrid, el 16 de enero de 1984, a beneficio de los artistas flamencos de la tercera edad, con la actuación de una gran cantidad de artistas, muchos de ellos consagrados en el escenario de Mairena.

Ese año el cartel del Festival, dedicando "a su memoria" llevó luto por el Maestro, con un bronce de Jesús Gavira con el rostro del Maestro sobre fondo negro, un color poco usado en los carteles de Mairena. Como postrero homenaje se pone en juego el premio instituido por Antonio, la III Antorcha del Cante, que gana Curro Malena. La revista cultural local Plaza de las Flores, que ya había recogido artículos y fotografías del maestro, le dedica un número extraordinario.

En Mairena se le recuerda en lugar destacado del cementerio, en su mausoleo, obra de los hermanos Antonio y Jesús Gavira Alba, inaugurado en 1986. Se le representa sentado en su silla, bajo el duende del cante gitano-andaluz, con la III Llave de Oro del Cante, que supo ganarse y prestigiar. Le acompañan los bustos de los que fueron los pilares de su formación: Pastora Pavón, Joaquín el de la Paula, Juan Talega y Manuel Torre.


20.- Aprendiz de maestros

El propio Antonio se consideró a sí mismo, desde muy joven, como el legítimo heredero de Manuel Torre, a quien proclamaba su primer maestro junto a Joaquín el de la Paula. Era muy consciente de seguir la trayectoria de grandes cantaores, preocupado por mantener un estilo puro y firme. Pasaba mucho tiempo, años a veces, analizando un cante para reconstruirlo y empezar a cantarlo como él creía que debía haber sido en su momento.

Aprende de todo el mundo. Tiene la suerte de conocer a los clásicos, desde Manuel Torre, a la casa de los Pavón. De Manuel Torre, a quien admira profundamente, adopta sus maneras, el eco nasal la vocalización, y aprende los cantes viejos del Marruro. De Joaquín el de la Paula capta el aroma del cante puro. De los Pavón hereda la toná grande, los cantes de Pastora, y los cantes antiguos del Viejo de la Isla, de Tomás el Nitri, y el Loco Mateo.

En sus incursiones en Triana aprende de los viejos gitanos. En Jerez de Juanelo, Manuel Molina, Juan Junquera, Joaquín La Cherna, Juan la Luz y los cantes del Planeta. De Utrera recoge las cantiñas y soleás y algunas cosas de Juaniquico y Merced la Serneta. Escucha embelesado en noches de fiesta y cante a a Diego de Brenes. De tía Francisca la Morena aprende los romances de Gerinaldo y Bernardo del Carpio, que se remontan al cancionero medieval, del Pirri de Chiclana la liviana, de Torre y el Gloria las saetas.


21.- Maestro de aprendices

Al igual que en el toreo Francisco Montes Paquiro, en la primera mitad del s. XIX define en su Tauromaquia las normas básicas clásicas del toreo, Antonio marca una cesura temporal, un antes y un después en el arte flamenco. Nada volverá a ser como antes después de la intervención de Antonio. Su labor recopilatoria, la fijación de cantes y estilos, la definición de formas y compases, harán del maestro de Mairena un hito único en la historia del flamenco.

En el esquema evolutivo del flamenco planteado por Antonio Manuel Torre fue la nebulosa primitiva, la fuente originaria, de la que beben dos genios, Tomás y Pastora, que consiguen dar perfecta forma a algunos elementos. Antonio culminará esta tarea de rescate y definición de cantes y estilos.

El propio Maestro señala "al igual que la honra de la gitana la honra del cantaor está en conservar la pureza de los cantes y en saber guardar la herencia recibida". Por ello se preocupó sobre otras cosas en clarificar y fijar el modo prístino, ortodoxo y puro de interpretación de los más variados cantes y estilos flamencos.

Pasa a sí por ser referencia absoluta para los cantaores puristas a la hora de buscar la raíz de muchos cantes, y, en palabras de Antonio Reina, el maestro de Mairena se convierte en "universidad del cante". En la misma línea Antonio Burgos, con su peculiar estilo humorístico, lo define como "Enciclopedia Británica de la siguiriya, y Larousse de la soleá".


22.- Su obra

Su discografía fue amplísima y en ella grabó casi todos los cantes conocidos. En su Gran historia del cante gitano-andaluz, de 1966, en tres volúmenes, aparecen nada menos que 19 cantes distintos por seguiriyas y 30 por soleares. Todo un ejemplo de los conocimientos del cante de un gran maestro. Como recordaba Antonio Reina, nos deja, sólo en cantes básicos, 142 cantes por soleá, 109 seguiriyas, 92 tangos y 42 tonás, lo que lo sitúa a muy larga distancia de otro monstruo como Pastora, quién nos dejó 38 soleas, 22 seguiriyas y 17 tangos. Ningún otro cantaor alcanza un repertorio tan amplio.

Antonio Mairena vivió por y para el flamenco exclusivamente. Pero no era sólo el cantaor más largo y completo dentro de los escenarios: ha sido uno de los pilares fundamentales del flamenco. Conservamos hoy coplas, aires, estilos y formas de cantes que sin su mediación estarían a completamente perdidos de viejos maestros que alumbraron su cante en las épocas anteriores a la aparición del fonógrafo. Su labor investigadora fue trascendental y es un rasgo que le distingue del cantaor común pues como él mismo señala: "Reconstruí muchos cantes antiguos y di a conocer cantaores que guardaban algunas esencias del cante gitano de Utrera, de Lebrija, de Jerez y de los puertos, e hice que grabaran muchos de ellos. Así los saque del sueño de la muerte".

Antonio Mairena tuvo el valor de asumir plenamente la herencia del cante gitano andaluz. Consciente de la responsabilidad que se depositaba en sus manos al concederle la Llave de Oro del Cante, supo sistematizarla, consiguiendo unos cánones firmes que pueden conservarse y transmitirse de forma adecuada a las siguientes generaciones. Logra dignificar el arte flamenco, sacándolo de las círculos íntimos del ámbito cuasimarginal en que se lo encontró en sus inicios, para llevarlo a las más altas cotas de las manifestaciones culturales, introducirlo en las cátedras universitarias, pasearlo por medio mundo y contribuir a convertirlo en un referente cultural de primer orden de la rica y compleja realidad andaluza.