Breve Historia de la Feria de MAIRENA DEL ALCOR

José Manuel Navarro Domínguez
Prof. Historia Autor del libro "La Feria de Mairena del Alcor: Mercado y fiesta (1750-1850)

La tradición mantenida en la historiografía afirma que hasta la aparición de la Feria de Abril de Sevilla, todas las ferias anteriores se regían por los rígidos esquemas ferias-mercado, principalmente de ganado, en las que el elemento lúdico apenas ocupaba un papel secundario, como celebración de alguna venta afortunada o breve esparcimiento de los propios mercaderes y compradores. Al establecerse desde 1847 la Feria de Abril de Sevilla, señalan los historiadores, se añade un nuevo sentido a la celebración ferial incorporando al mercado de ganados y productos agrarios, una celebración festiva.

Estudiando la Feria de Abril de Sevilla en sus primeros años, vemos que la organización, el sistema de mercado, las tiendas, incluso la distribución espacial del recinto, salvando las lógicas diferencias, eran muy similares a los de Mairena. El modelo desarrollado en Mairena entre 1750 y 1850 es el de una feria que mezcla sus dos componentes esenciales, el mercado y la fiesta.

EL GRAN MERCADO DE ANDALUCÍA.

El mercado de ganados es sin duda el eje central de la feria. El diccionario de Pascual Madoz, el cual, a mediados del s. XIX efectúa un amplio recorrido por todas las poblaciones de la península, en el artículo dedicado a Mairena del Alcor señala:

"En los días 25,26 y 27 de Abril se celebra la famosa feria que lleva el nombre de la villa a la que concurren en dichos días los traficantes de todas las provincias de España, a proveerse especialmente de ganado de cerda caballar y lanar y utensilios de labor"

Un paso más se aventura en la Enciclopedia Mellado, una de las más completas publicadas en España en el pasado siglo. Elaborados sus artículos por prestigiosos científicos, académicos y profesores universitarios, fue una de las extendidas y consultadas.

En la voz "Ferias", tras citar de pasada la de Madrid y otras, señala que las hay muy renombradas y cita varias, situadas en el norte de Castilla, la mayoría ya desaparecidas, cuando escribe el articulista. A continuación ni puede dejar de escribir:

"La muy renombrada de Mairena es anual, a principios de Mayo, acuden a ella todas clase de ganados pero principalmente excelentes caballos procedentes de las yeguadas de Córdoba y en general de toda Andalucía".


Detalle monumento Glorieta José Jiménez Sutil (Paseo)

Por término medio acuden anualmente a la feria de Mairena durante la primera mitad del S XIX, unos 54.000 animales. Para alimentar al ganado se disponía de los pastos de El Encinar y para abrevarlo, las aguas que discurrían por las atarjéas de los molinos.

Este ganado procede de casi toda la península. Estaban más representadas lógicamente las comarcas cercanas a Mairena. De todas las poblaciones de la Campiña encontramos un gran número de animales y compradores en la feria. También encontramos ganaderos procedentes de Castilla, Extremadura, Levante y Galicia. En el real se instalaban, en tiendas de lona, unos 250 puestos. Y si tenemos en cuenta que algunos conseguían burlar el registro oficial e instalarse en solares y casas particulares, la cifra real podría ser más elevada. Estos puestos pueden ser agrupados en cinco categorías diferentes atendiendo al tipo de producto que se vende en ellos: 37 fondas y establecimientos de bebidas y comidas, 86 puestos que sirven alimentos, 46 que venden ropa, 42 puestos de arreos y objetos de madera y 38 puestos de quincallería y mercería.

Para tal cantidad de ganados y puestos se necesita un gigantesco espacio. El real de la feria abarcaba todo el espacio comprendido entre la ermita de S. Sebastián, la venta de Raga, en la zona denominada actualmente "la Posada"; la carretera, hasta la parada de autobuses delante de la antigua fábrica ASPA; el paseo de la feria, y la barriada del Calvario hasta el recinto actual de la feria. Lindaba con el pago del Celillo y los terrenos del actual polideportivo, la huerta del Prior. Ocupaba los terrenos próximos a la gasolinera, la cercaban las huertas de la actual calle Benajete, que por entonces no era más que un camino con vallados hasta el arranque del camino de Gandul y Marchenilla, conocido popularmente como "El Arenal". Finalmente la zona que hoy ocupan las manzanas de las calles Jesús y Ramón y Cajal se englobarían dentro del recinto.

Como mercado organizado contaba con una estructura administrativa establecida por el ayuntamiento, y supervisada por el representante de la real Hacienda. En una casa alquilada al duque de Arcos, situada en el real, se instalaba la oficina municipal, donde se tramitaba la documentación, se recaudaban las tasas y se registraba el ganado y los puestos establecidos. Era precisa la ayuda de fuerzas del ejército, que remitía un grupo de 20 a 30 hombre para auxiliar a las autoridades locales en el mantenimiento del orden.

Las normas, reglamentos y modos de funcionar de este mercado sirvieron como modelo a muchas ferias de la comarca, entre ellas la de Écija, Villamartín, Osuna y la propia Feria de Abril de Sevilla.


Detalle del monumento a la antigua Feria 1982

UN MERCADO MUY ALEGRE

Sea como fuese, de lo que no cabe duda es de que la fiesta, como celebración alegre y bulliciosa, formaba parte de la feria de Mairena como un elemento indisoluble, un componente de su propia esencia. Los días de mercado de ganados se reducen a los tres días oficiales de la feria. Las necesidades de la fiesta son las que obligan a establecer dos días "de vísperas" en los que la feria es pura y simplemente una fiesta. Tenemos por tanto una feria con cinco días de fiesta y tan sólo tres de negocio.

Buena parte de la alegría de la feria era debida al elevado consumo de bebidas alcohólicas. Algunos años encontramos cifras cercanas a las 100@ de aguardiente y las 25@ de licores. Las cantidades de vino consumido son aún mayores, pudiendo perfectamente alcanzar las 500@. Tal cantidad de alcohol asegura "buena y alegre" feria que queda lejos de un frío mercado de ganado.

Todos los escritores coinciden en su descripción de la feria en exaltar su ambiente general de alegre agitación, de algazara ruidosa y divertida. Palabras como estruendo, tumulto, alegría, diversión, bacanal y bullicio, parecen las más indicadas para describir el ambiente festivo.

Tan inseparable es el negocio de la celebración, que los propios ganaderos, al cerrar un trato, manifiestan acuerdo con expresiones de júbilo, disparando armas de fuego al aire y celebrándolo con unas copas en los múltiples puestos de bebidas establecidos en la feria.Que la diversión formaba parte de la feria mairenera que fuera de toda duda. ¿Cómo explicar si no el enorme atractivo que supone para los forasteros que la visitan? Para la muchedumbre que viene desde Sevilla, para los extranjeros que llegan a su real desde muy lejos atraídos por su fama. ¿Un simple mercado supondría un atractivo para ellos?

Toda clase de espectáculos se desarrollan en el real de la feria de Mairena, destinados a divertir al público que acude al festejo. Estébanez nos reseña lso títeres, payasos y cómicos que divierten al público con historias y cuentos jocosos, escenificaciones, chistes o juegos; volatineros que hacen cabriolas, saltos y juegos malabares; "chirichinas", barracas de atracciones que llaman la atención del público con ruidosm música y platillos; y "pulchinelas", cómicos grotescamente vestidos.

El ejercicio ecuestre es señalado por los cronistas sevillanos como el primer entretenimiento celebrado en la feria de Sevilla de forma independiente del mercado, signo evidente de su carácter festivo. Con una década de antelación encontramos este espectáculo en Mairena.

El baile se convierte en elemento central del conjunto de celebraciones y manifestaciones festivas de la feria. Aparece en todas las descripciones de la feria como un elemento imprescindible, que no deja de llamar la atención de los escritores, hasta el punto de recogerlo todos en sus textos con alguna cita. Las referencias al baile aparecen enmarcadas dentro de los artículos y poemas sobre la feria entre las descripciones del ambiente festivo general como una actividad que forma parte de las manifestaciones generales de la fiesta como la bebida, el juego y la diversión.

El juego, como una de las actividades lúdicas más extendidas y arraigadas en la población española del Antiguo Régimen, no podía dejar de hacer acto de presencia en la feria. Se trata de juegos de apuestas como naipes, reolinas, boliches, banca y monte. Todos estos juegos de azar estaban sometidos a prohibición por las leyes del reino, como se recordaba en los bandos de buen gobierno emitidos por el ayuntamiento en los días previos a la feria. Las propias autoridades reconocen la escasa eficacia de las diversas prohibiciones relativas a los juegos y los constantes esfuerzos conducentes a terminar con su práctica.

No podía faltar el amor dentro del conjunto de elementos de la feria concebida como una fiesta, como un lugar que, entre otras cosas, propicia el encuentro de hombre y mujeres al ofrecer ventanas sin rejas en una sociedad tan cerrada en estos aspectos como es la andaluza de principios del S. XIX.